Marcel Proust publicó en 1896 sus primeras narraciones, resumidas con el título Los placeres y los días (Les Plaisirs et les Jours en francés). El título es una nueva versión del poema Los trabajos y los días, obra del poeta griego Hesíodo. Los expertos atribuyen sin duda un componente decadentista e irónico a Proust en la sustitución de trabajos por placeres. Hesiodo, en cambio, glosa el valor del trabajo como destino del hombre.

Marcel_Proust_1900-2Pero, ¿es el trabajo, 2.700 años después, el único camino que libera al ser humano? Yo me atrevo a afirmar que no, o, al menos, no solo. Ni con trabajos ni con placeres el hombre consigue la felicidad ni logra realizarse. ¿Puede ser el saber, el conocimiento, una tercera vía de análisis?

Sapere aude! -atrévete a saber- escribía Horacio a su amigo Lolius. También Kant recurrió a este adagio para reforzar el papel de la razón en sus escritos. Atrévete a conocer más allá de los límites de tu propia razón; ensancha las paredes de tu vida dejando entrar en ella al conocimiento.

Nadie discute que vivimos en la sociedad de la información, en la Galaxia Gutemberg, el Universo Marconi, la sociedad de las TIC (Tecnologías de la Información y la comunicación). Vivimos, entonces, en una sociedad de hiperinflación de información. El hombre pasa la vida analizando y ordenando datos que le sirven para tomar decisiones. Y esto no es nuevo: ya los antiguos se esforzaban en conocer las leyes de la naturaleza para aumentar sus cosechas, para hacer acopio de víveres, para vencer al enemigo en condiciones favorables. El conocimiento del mundo, por tanto, es una capacidad instrumental, una potencia del ser humano.  

Saber no es lo mismo que aprender a saber, o, desde una perspectiva de gestión, que gestionar los conocimientos, o, mejor: el conocimiento. Porque, ¿sabemos que sabemos lo que sabemos?, ¿o tan solo queremos organizar lo que creemos que sabemos? Y al buscar respuesta a ambas preguntas hemos sido testigos del auge del Knowledge management. En 2003, nos preguntábamos en el libro Conocimiento y gestión (Pearson):

¿Ha pasado la gestión del conocimiento la cuarentena precisa para ser una disciplina consolidada?

La respuesta es negativa. Después de dos décadas analizando la evolución del concepto de capital intelectual y su hermano pequeño (que no menor) de gestión del conocimiento, he podido constatar la dificultad de las organizaciones para retener el conocimiento de los colaboradores. Los carísimos sistemas de gestión de datos aún no han podido, por ejemplo, con la libre iniciativa del comercial que se va de la empresa y se lleva con él a ‘sus’ clientes. El conocimiento -en esta época- tiene ramificaciones, estancias, derivadas que no son susceptibles de ser controladas con facilidad por las empresas, ávidas de retener el conocimiento, pero no a las personas.

Es como si dijeran, todas a una: “solo me interesa lo que sabes, no quién eres.”